En una fría mañana del marzo pasado, alguien llamó nervioso a la puerta de Kenny Angel. Dos trabajadores de una empresa eléctrica en el norte de Nebraska llegaban con una sombría advertencia: Salga de su casa.

Le dijeron que el agua estaba pasando por encima de una presa hidroeléctrica cercana, y salieron huyendo en su camioneta.

Unos minutos más tarde, el crecido río Niobrara arrampló con la Presa Spencer, arrojando una ola de agua que arrastraba pedazos de hielo tan grandes como autos. La casa de Angel quedó arrasada, y nunca se encontró su cuerpo.

“Tuvo un aviso de unos 5 minutos, sin advertencia previa el día antes”, dijo Scott Angel, uno de los hermanos de Kenny.

Los inspectores estatales habían dado a la presa una calificación de “buena” menos de un año antes. Hasta que falló, no parecía muy diferente de otros miles de estructuras en todo Estados Unidos, y eso podría suponer un problema.

Una investigación de más de dos años de The Associated Press ha identificado decenas de presas en todo el país en condiciones aún peores, y en lugares igual de peligrosos.

El análisis de datos federales y reportes, obtenidos a través de leyes estatales de acceso a la información, identificó 1.688 presas de alto riesgo calificadas como en estado malo o insatisfactorio en 44 estados y Puerto Rico. Casi con certeza, la cifra real es más alta, porque algunos estados se negaron a dar las calificaciones sobre el estado de sus presas.

Las muertes por presas que fallan han descendido desde varios derrumbes catastróficos en la década de 1970 que llevaron a los gobiernos estatales y federal a reforzar sus normas de seguridad. Sin embargo, en las últimas cuatro décadas han fallado unas 1.000 presas, matando a 34 personas, según el Programa Nacional de Rendimiento de Presas en la Universidad de Stanford.

Los embalses del país tienen una edad media de medio siglo. Algunos ya no son adecuados para asumir las intensas lluvias e inundaciones de un clima que está cambiando. Sin embargo, se cuenta con que protejan cada vez a más gente mientras proliferan las promociones inmobiliarias a su alrededor.

“Hay miles de personas en este país que viven río abajo de presas que probablemente se consideran deficientes, dados los estándares de seguridad actuales”, dijo Mark Ogden, exfuncionario de seguridad de presas en Ohio y que ahora es técnico especialista en la Asociación de Funcionarios Estatales de Seguridad de Presas.

En la base de datos del Inventario Nacional de Presas, los diques se clasifican como de riesgo alto, considerable o bajo. Un riesgo alto implica que la pérdida de vidas humanas es probable si la presa falla. Un riesgo considerable indica que no es probable que haya muertes, aunque sí puede haber daños económicos y medioambientales.

Los inspectores califican el estado de las presas como insatisfactorio, malo, bueno o satisfactorio. Pero esas notas son subjetivas, con variaciones por estados y en función de la interpretación de cada inspector. Además, no siempre se hacen públicas.

Desde los atentados del 11 de septiembre de 2001, el gobierno de Estados Unidos ha alegado motivos de seguridad para no incluir el estado de las presas en su inventario, que se actualizó por última vez en 2018. Sin embargo, AP pudo determinar el estado y el nivel de riesgo de más de 25.000 presas en todo el país a través de peticiones de acceso público a documentos oficiales.

Después, AP examinó los reportes de inspección de cientos de presas de alto riesgo en estado malo o insatisfactorio. Esos reportes citaban diversos problemas: filtraciones que pueden indicar un problema interno en la estructura, erosión no reportada por episodios previos de rebasamiento, agujeros de madrigueras, árboles que pueden desestabilizar los diques de tierra y aliviaderos demasiado pequeños para responder a grandes inundaciones.

Georgia lideraba la lista con casi 200 presas de alto riesgo en estado insatisfactorio o malo, según el análisis de AP.

Una de ellas es el Embalse Número 1 de Atlanta, una reserva de agua para beber con 180 millones de galones de capacidad, construida a finales de la década de 1980 y que ha estado buena parte de las últimas décadas fuera de servicio. La ciudad hizo reparaciones y volvió a ponerla en servicio en 2017, para volver a cerrarla de nuevo cuando se percibieron filtraciones.

Si la presa fallara de forma catastrófica, el agua podría inundar más de 1.000 viviendas, docenas de negocios, una vía ferroviaria y un tramo de la Interestatal 75, según un plan de emergencia.

Joel Iverson ha visto agua goteando de la presa cerca de la fábrica de cerveza que cofundó, Monday Night Brewing.

“Si falla, va a arrastrarnos a nosotros y a un montón de cerveza”, dijo Iverson.

El Departamento de Gestión de la Cuenca de Atlanta declinó la petición de AP de celebrar una entrevista sobre el embalse, y en su lugar pidió preguntas por escrito. Cuando se enviaron, el Departamento declinó responderlas.

Todos los estados salvo Alabama tienen un programa de seguridad de presas. Pero la Gran Recesión de hace una década obligó a muchos estados a hacer recortes generalizados de presupuesto y personal.

Desde que tocó fondo en 2011, el gasto total de los estados en seguridad de presas ha crecido en torno a un tercio, a casi 59 millones de dólares en el año fiscal 2019, mientras que sus plantillas han crecido en aproximadamente un quinto, según datos reunidos por el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los Estados Unidos.

Buena parte de ese aumento se ha producido en California, que gestiona el programa de seguridad más grande del país. El estado aumentó su presupuesto de 13 millones de dólares a 20 millones de dólares, y pasó de 63 a 77 empleados a tiempo completo tras un incidente en 2017, cuando hubo problemas en el aliviadero de la presa de Oroville.

Pero algunos estados han seguido recortando sus programas de seguridad de presas. Trece estados y Puerto Rico gastaron menos en estos proyectos en 2019 de lo que habían gastado en 2011, y 11 estados tenían menos personal a tiempo completo en sus programas, según los datos del Cuerpo de Ingenieros.

La Asociación de Funcionarios Estatales de Seguridad de Presas estima que reparar y modernizar las más de 90.000 presas del país supondría más de 70.000 millones de dólares. Pero a diferencia de otras infraestructuras, la mayoría de las presas de Estados Unidos son de propiedad privada. Eso hace difícil que los reguladores exijan mejoras a operadores incapaces o poco dispuestos a asumir los altos costes.

“La mayoría de la gente no tiene ni idea de la vulnerabilidad cuando vive río abajo de estas presas privadas”, dijo Craig Fugate, exadministrador de la Agencia Federal de Gestión de Emergencias. “Cuando fallan, no fallan con advertencias. Solo fallan. Y de pronto puedes verte en una posición en la que tienes un muro de agua y escombros que viene hacia tu casa con poco o ningún tiempo de salir”.

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Lieb informó desde Jefferson City, Missouri; Casey desde Concord, Nueva Hampshire; y Minkoff desde Washington, D.C.